¿ 2021 TRAVESÍA DEL DESIERTO ?

Miñas donas, meus cabaleiros, lo que sigue lo largué en una conferencia en Madrid (Villaviciosa de Odón) en la primavera del año 2010, en pleno Año Santo (eso que los horteras con calzoncillos de piel de leopardo llaman “Xacobeo”),  pero creo que tiene más validez que nunca ante lo previsto para el 2021. Son asombrosas las semejanzas (salvadas las distancias). Hasta aparecen, como entonces, quienes se arrojan a los pies del buen arzobispo compostelano para que suplique al Papa de Roma ampliar el Año Santo , por aquello de “money is money”. Como quiera que hay ristras completas de bigardos (con perdón y mejorando lo presente) arrojándose ceniza en los cabellos y dando alaridos de conmiseración ante lo que dicen venírseles encima, ahí vamos de nuevo a puerta gayola y sin cortarnos un pelo, que para eso ya hay cohortes de palanganeros siempre dispuestos a plegarse a medallas de políticos y pesebres subvencionados. De paso, y especialmente para ellos, va un restallante y gozoso corte de mangas. ¡¡¡Toooomaaaaaa¡¡¡ Además los palanganeros siempre saben dónde me tienen, estoy a su disposición, soy un tipo afable y tal. Coño, lo digo en serio.

EL CAMINO DESPUÉS DEL 2010: ¿TRAVESÍA DEL DESIERTO?, ¿HAY FUTURO PARA EL CAMINO DE SANTIAGO?

Queridos amigos, buenos días a todos. Confieso que cuando me propusieron para este acto en Madrid una conferencia con el título de “El Camino después del 2010: ¿travesía del desierto?….” me quedé un poco desconcertado. ¿Cómo que travesía del desierto?, ¿travesía del desierto para quién, para quiénes? Más bien se debería hablar de soltar lastre, de liberación, peregrinación y Camino. Pero, reflexionando, y en base a lo que estamos viendo cotidianamente, sobre todo en Galicia, me pareció que tal vez fuera conveniente ese título, más que nada para dejar muy claro que soltar lastre y librar amarras no es más que un sano ejercicio mental que hace al ser humano  andar más ligero de equipaje y con horizontes despejados.

Lo de travesía del desierto  es lo que pretenden hacernos ver  la corte de oportunistas, logreros de toda índole y condición, paracaidistas todo a cien y jefes de pista de todos los circos de los  parques temáticos que en el mundo han sido, desembarcados todos desde las cloacas de la llamada cultureta del ocio para intentar convertir la peregrinación jacobea en una especie de Disneylandia presidida, en vez de por el Pato Donald, por el ilustrísimo teniente coronel Tapioca, pretendiendo también  que la bicoca se acaba con el llamado “Xacobeo 2010”, lo que seguramente es verdad. Y en vista de ello han clamado al cielo y se han espolvoreado los cabellos de ceniza, al punto de que el propio alcalde de Compostela se ha reunido con el señor arzobispo para intentar prolongar el Año Santo durante el 2011, al socaire del 800 aniversario de la consagración de la catedral de Santiago de Compostela.

Así pues: ¿Esos largos once años hasta el próximo Año Santo  significan  una travesía del desierto para el Camino de Santiago?. O, dicho de otra manera, ¿la peregrinación jacobea, en todo su sentido, se ve condicionada por la serie de fastos que la rondan cada vez que el día de Santiago cae en domingo y las administraciones deciden montar el correspondiente aquelarre al que han dado en llamar Xacobeo?

Antes de entrar en harina, no tengo más remedio, una vez más, que hacer pública una carta que traemos desde Santiago de Compostela. Es de un gran personaje, que nos ha tomado cariño y que, cada vez que salimos fuera de Galicia a una algarada, como ya nos pasó en la manifestación contra la Refinería en la Vía de la Plata o la Cumbre del Camino Norte, nos hace llegar una misiva por un propio. Y es que, a punto de salir de Compostela, se nos acercó trotando y muy agitado el propio en cuestión,  el pobre Mario Clavell, persona bondadosa, egregio catedrático compostelano y embajador de esta asociación ante la catedral de Santiago. Mario, como en las otras ocasiones, venía demudado: ¡Esperad, que tengo aviso de un tiraboleiro, tengo que ir urgentemente a la catedral a recoger un convoluto!

Mario tardó poco, y volvió más demudado todavía.

¡ Me cago en la leche, era el Apóstol otra vez, os entrega esta carta para que la leáis en los madriles!

Una vez más nos quedamos un tanto preocupados, más que nada porque el Apóstol Santiago anda haciendo un curso de galeguidade acelerada, de esos que imparte la Xunta para gente de la diáspora, y sabemos de fuentes fiables  que ha sacado matrícula de honor  en  Retranca III. Claro que también sabemos que, mientras se forman las colas de turistas en Platerías, las ya famosas “Xacocolas”,  el patrón de todas las Españas se larga a tomar un pulpo y un vaso de Barrantes a la gloriosa y cuasi clandestina taberna Los Sobrinos del Padre, donde, por cierto,  dan el mejor pulpo de Compostela, y siempre  acompañado de un  tiraboleiro de Portomarín que le cubre las espaldas, tarea ciertamente difícil porque cada vez las tiene más anchas. Parece ser que el Apóstol difícilmente soporta ya el turisteo y el caos que le imponen sus canónigos. Sólo está a gusto con sus peregrinos, pero a estos ya se les ve poco por la catedral, nadie se lo pone ya fácil a los peregrinos en la catedral de Santiago.

En fin, esta es la carta, y lo primero que observamos con alivio  es que no está en arameo, como la última vez, cuando sólo gracias al don de lenguas del Camino conseguimos traducirla y descubrimos que soltaba pestes contra la Refinería en la Vía de la Plata. Ahora está, al menos el remite, en gallego puro de A Terra Chá, tenemos que decir que el proceso del galeguidade del Apóstol es tan sorprendente que hasta sabemos de una petición del propio Santiago al cabildo para que lo pongan en mitad de la escalera, como cumple a todo gallego cabal. Lo que pasa es que el cabildo ni tiene sensibilidad,  ni  ha leído a Rosalía, ni sabe tampoco nada de los cursos acelerados de la Xunta de Galicia, lo que no deja de ser una lástima. Pasamos a la carta, es breve y además, dónde hay Patrón, y si encima lo es de las Españas, que se quite marinero alguno, así que ahí vamos:

“Hermanos y hermanas. Parece ser que voces desabridas anuncian una especie de Apocalipsis para el Camino de Santiago una vez se acaben los negocios de mercaderías al hilo del Año Santo, año  que cada vez que mi día cae en domingo, un Papa tuvo la bondad de declarar como jubileo general,  y que ahora los jefes de los mercaderes han dado en llamar “Xacobeo”. Hablan también de “travesías del desierto”. Paparruchas, para desiertos ya tuve suficiente con el de Judea, apartad de mi ese cáliz. Transmitid a mis peregrinos que estén tranquilos, que mi Camino siempre será el de ellos y que  no se preocupen ni de las colas en mi catedral ni mucho menos de los agoreros. Yo no estoy solamente en la catedral, estoy en todas las encrucijadas, en la sirga, en los páramos, en los bosques del Camino, en cualquier humilde iglesia de la ruta, en cualquier sitio  en los que esté uno solo  de mis peregrinos. Mi Camino es una ruta milenaria, más antigua aún de lo que muchos suponen y no morirá nunca para los que me busquen en ella. Así que al próximo que se acerque a mi con esa trapallada de negociantes agoreros y desconocedores de la historia, le perseguiré a bordonazos hasta la puerta de Francia, que esa si que  está libre de colas.

Paz y bien.”

Nota final: Perdonad que me ponga reivindicativo pero, que carallo,  para eso soy el Apóstol Santiago, y es que a ver si hacéis el favor de decirle a los canónigos que quiten el vergonzoso ramo de flores que continuamente colocan  bajo mi caballo blanco,  en la gloriosa escultura de Gambino, exactamente  para tapar a la morisma que aplasta bajo sus cascos.  El que se avergüenza de su historia, por comodidad o cobardía o intentar ser políticamente correcto,  sólo consigue caer en el mayor de los ridículos. Y, de paso, díganles que son unos horteras. Así que hagan el favor de quitarme esos ramos de ahí, que además tengo alergia primaveral. Por favor, háganlo sin falta.

Firma: Santiago Hijo del Trueno.

Bien, nuestro buen amigo Manolo Rodríguez, otro gallego cabal, que su dios bendiga,  ha diseccionado con sabiduría el pasado y el presente de los Años Santos compostelanos.  Unos Años Santos que convocan a la meta, la meta de una de las tres grandes peregrinaciones mayores, Santiago de Compostela. A nosotros nos cumple hablar del Camino que conduce a esa meta. Tenemos muy claro, además, que las condiciones para ganar el jubileo son las que son, claramente expuestas desde un estricto sentido religioso marcado por la Iglesia, absolutamente respetables, pero que poco tienen que ver tanto con la condición universal y ecuménica del Camino en sí mismo, como con las condiciones  que la propia catedral de Santiago impone a los peregrinos para certificar su peregrinación tradicional a la tumba del Apóstol, es decir,  la Compostela, certificado que tampoco es en ninguna manera opuesto, es complementario, con las condiciones propias del jubileo para aquellos peregrinos que quieran ganarlo en Año Santo. Pero para eso en ninguna forma es preciso hacer el Camino de Santiago  de forma tradicional, basta con cumplir las condiciones expresas que señala la Iglesia.

¿TRAVESÍA DEL DESIERTO PARA EL CAMINO?, ¿HAY FUTURO?

Es probable que no vuelva a hablar más de estos temas, andamos todos cansados y cumplen relevos, otra gente de más aguante. Pero conviene, cada vez más, el román paladino. Lo voy a hacer, si no lo hago reviento. Hay que hacerles frente, hay que darles la cara aunque nos la rompan, a tanto negociante del tres al cuarto, a tanta desfachatez dando cuartos al pregonero, a tanta ave de mal agüero pronosticando que se “acaba” el Camino ya que no hay más negociete hasta el 2021, hay que agarrarles por las miserias (mejorando lo presente) y tirar fuerte. Y lo voy a hacer. Y también cumple desmontar tanta falacia, tanto medallero, tanta mentira. Y también lo voy a hacer.

Para hablar del futuro del Camino de Santiago se hace imprescindible echar una mirada a lo que ha significado su esplendoroso renacimiento en las postrimerías del siglo XX, intentar explicarnos las razones del mismo, ahondar en lo que significa el Camino y la peregrinación jacobea para los alienados habitantes del mundo que nos ha tocado vivir y, de paso, hacernos una serie de preguntas que, muy probablemente, si conseguimos articular algunas respuestas, nos den algunas claves del presente y el futuro del Camino.

Las preguntas están en el viento, el viento del Camino, y las respuestas también. Pero dejamos dicho que debemos acercarnos al momento en que se produjo el estallido del Camino en los tiempos modernos, el inicio del glorioso renacimiento actual, para intentar acercarnos a  esas respuestas. Y debo hacerlo en román paladino, así caigan chuzos de punta o amenazas de lapidación.

Hay quien dice, y son generalmente fuentes interesadas, que el renacimiento actual del Camino se debe a factores objetivos, generados básicamente por la actuación de la Iglesia y de las administraciones públicas. Nosotros, que vivimos intensamente ese renacimiento, estamos firmemente convencidos, también por factores objetivos, de que no ha sido así en absoluto, de que mienten como bellacos y de que nada más lejos de un fenómeno que estalló a años luz de cualquier institución oficial, del tipo que fuere.

I EL RENACIMIENTO DEL CAMINO Y EL PAPEL DE LA IGLESIA

Esas fuentes hablan de las visitas de Juan Pablo II a Compostela como factor fundamental. Hay que decir que la visita del Papa en 1982, con un brillante discurso convocando a toda Europa a Compostela,  reforzó sin duda alguna el prestigio de la meta, pero que para nada se vio reflejado en el Camino y la peregrinación tradicional. Más incidencia tuvo su segunda visita en 1989, pero para entonces ya se había producido el milagro.

Porque el milagro del renacimiento del Camino de Santiago en los tiempos modernos, surgió de las propias entrañas del Camino, del empeño de una serie de hombres que decidieron  reavivar los humildes rescoldos de la vieja llama casi extinguida del Camino de Santiago. Llama que había sabido ver hasta el propio Álvaro Cunqueiro, que en un destartalado seiscientos había recorrido un Camino abandonado a su suerte en los años sesenta. Hombres como  René de la Coste Messeliere, George Bernés, Francisco Beruete y, sobre todo, Elías Valiña desde las remotas montañas de su Cebreiro.

Elías fue el brazo armado, la mente que empuja, el gigante que subió a sus hombros el peso entero de siglos de historia para lanzarlos como un misil hacia el futuro. Moliendo kilómetros, sin horario, compulsivamente, el pequeño cura de O Cebreiro aparecía en el Camino a las horas más intempestivas señalizando, espabilando conciencias, coordinando acciones en aquel estrambótico  GS blanco o en la mítica mesa de madera de San Giraldo de Aurillac, bañando de amarillo las ruta que repasaba una y otra vez sacando tiempo de donde no lo había.

Según su sobrina Pilar: “estaba permanentemente abierto para todo el mundo, no tenía horas de despacho para el Camino, estaba permanentemente abierto, las 24 horas. Él de nada hacía mucho, hacía la vida fácil a todo el mundo, repartía juego pero cargaba personalmente con los mayores trabajos, era increíble. Todo el mundo que estuvo con el aprendió mucho, pero muchísimo”

Nada refleja mejor el carácter de Valiña y como se desarrolló lo que hemos denominado “milagro del renacimiento del Camino”, que la siguiente anécdota que cuenta Antón Pombo en un artículo publicado en nuestra revista Libredón, con motivo del XX aniversario del fallecimiento de Elías. Antón, ex presidente y fundador de nuestra asociación, doctor en historia y, actualmente, uno de los mayores expertos europeos del Camino de Santiago, era entonces estudiante en Compostela y habitante de esa especie de repúblicas libertarias que eran entonces los pisos de estudiantes. Él había colaborado activamente con Elías en varias ocasiones, pero ni se imaginaba lo que le esperaba cuando, en mañana de resaca colectiva presidida por un poster de Johnn Lennón y lemas de “haz el amor y no la guerra”, llamaron al timbre en horas tempranas.

Era el cura de O Cebreiro que, indiferente al caos que reinaba en aquella casa, se dirigió a un Antón patidifuso en estos términos:

-Hola Antón, vengo con mucha prisa, pero quería  que me contaras como van  tus gestiones para crear la asociación de Amigos del Camino  en la Provincia de Coruña.

Desde luego, apunta Antón,  no sé si algún día yo le había prometido algo así, pero del asunto no me acordaba ni remotamente, y además:  ¿qué iba a  hacer un estudiante de 3º curso de Historia en una  ciudad con tantas autoridades, eclesiásticas y civiles, profesores de tanto prestigio y con  tanta fauna intelectual al por mayor. Esto, más o menos, es lo que le dije como respuesta a Valiña, señalándole  que mejor sería que se pusiera en contacto con alguien  del Cabildo catedralicio, de la  Universidad o de la  Mafia neotemplaria, ¡ yo qué sé!

-No, con esos no hay nada que hacer –me contestó muy serio- esta asociación la tienen que montar los peregrinos entusiastas, la gente que conoce el Camino y que lo quiere de verdad, gente joven  como tú. Así que hazme el favor de crear la asociación de una  vez, que ya  tenemos muchas en el Camino  comprometidas, y no puede ser que donde está Santiago no haya nada.

Pronto, el trabajo de Elías se reflejó en dos hitos fundamentales para el Camino: la aparición de la mítica guía roja de Everest y el comienzo de la publicación de los no menos míticos Boletines del Camino de Santiago, ambos en 1985. Tanto la guía como los Boletines fueron auténticos misiles que, viajando por toda Europa en las mochilas de los peregrinos, proclamaron la nueva de un Camino renacido. Y aquí están las estadisticas que van demostrando, paso a paso, todo lo que estamos reflejando, `precisamente desde ese importante año 1985:

1985, 619 peregrinos- 1986, 1.800,-1987, 2905 – 1988, 3.051- 1989, 5.760 (visita del Papa)- 1990, 4.918- 1991, 7.274- 1992, 9.764.

Y aquí, justo antes de 1993, nos detenemos. Las estadísticas reflejan claramente que, ni siquiera las visitas del Papa aportaron nada especial a la peregrinación tradicional a Compostela. Que fue un boca a boca, lento pero implacable, surgido de las propias entrañas del Camino de Santiago, lo que produjo ese milagro en plenos años ochenta.. Pero estábamos con el protagonismo de la Iglesia y, muy particularmente, de la Catedral de Compostela en este renacimiento de la peregrinación.

Estamos en condiciones de decir que su participación fue prácticamente nula, que todo se les fue en arquear el entrecejo cuando vieron entrar en Compostela a los nuevos peregrinos de un Camino renacido, instaurar burocracias, hacer pucheros, ponerle puertas al Campo mientras los peregrinos  les llevaban noticias de los amaneceres de Estella, de los atardeceres junto a la Cruz de Ferro, del lecho de paja en la humilde palloza de O Cebreiro y de extrañas señales de reconocimiento en formas de flechas amarillas. Se les vino encima, ni lo esperaban ni mucho menos esperaban a los peregrinos de un Camino renacido. Todo su empeño se fue en blindar la meta, ignorando en absoluto el Camino y, mucho más aún, ignorando también  que por él se estaba acercando a Santiago lo mejor de la nueva Europa.

Valiña, con su olivetti, tecleando los Boletines en las duras noches de O Cebreiro, sin luz muchos días y sin teléfono todos ellos, hasta el punto de tener que alquilar una habitación en Pedrafita para poder confeccionarlo por la noche, nos da noticias preciosas, como la petición  por carta a Rouco Varela, arzobispo a la sazón,  fechada el 5 de febrero de 1986,  solicitando un albergue de acogida para los peregrinos en Compostela. Extractamos lo siguiente, que da una idea clara de la ausencia total de implicación de la catedral compostelana en todo lo que se refería al Camino de Santiago::

“ … si están mojados ¿donde se secan?, si tienen frío  ¿dónde se calientan?… aunque sea humilde, el peregrino necesita su casa. Si esto lo pueden hacer muchas parroquias del Camino, ayuntamientos, etc… con mucha más razón ese Arzobispado debe ofrecer un digno refugio a los peregrinos que, de todas las nacionalidades llega a la tumba del Apóstol”

En las frases de Valiña se denota tristeza e indignación contenida y, también, cierta ingenuidad. No entendía que si el más humilde pueblo del Camino ofrecía lo que podía a los peregrinos mientras Compostela, la Jerusalén de Occidente, les volviera despectivamente  la espalda.

La respuesta de Rouco Varela, fechada el 22 de febrero,  fue antológica, digna de un manual de diplomacia de corredoira. Recuerda mucho la conversación entre otros dos gallegos, el general Franco y el cardenal Quiroga Palacios, al respecto, en aquellos tiempos,  de una posible visita del Papa y la ampliación urgente del aereopuerto de Lavacolla. El cardenal urgía a Franco a comenzar las obras de inmediato:

  • ¡ Excelencia, qué viene el Papa
  • Eminencia: ¿Y si no viene?
  • Arre Carallo: ¿Y si viene?

Cuentan las crónicas que estuvieron así cuatro horas, hasta que recibieron recado de chocolate con picatostes

En la misma línea, Rouco Varela, le contesta así a Valiña, entre otras generalidades: :

“Pido al Apóstol que nos alcance el don de una conciencia viva que urja la mejor atención al peregrino y mueva las iniciativas necesarias para proporcionarle la acogida conveniente, superando los handicaps que supone el riesgo de la empresa y lanzándose a ella con decisión ilusionada”

Es decir, humo, y no precisamente de botafumeiro.  Como muchos sabéis, 24 años después y cerrado el albergue provisional y semafórico del Seminario Menor, Compostela y su catedral no ofrecen albergue alguno a los peregrinos, salvo algunas iniciativas  privadas, Pero la cosa aún fue a peor siguiendo la afamada ley del Sr. Murphy. Los dos primeros números del Boletín del Camino de Santiago del párroco de O Cebreiro se publicaron en la Delegación Diocesana de Enseñanza de Santiago de Compostela. Pero una orden tajante del canónigo delegado de las peregrinaciones, Don Jaime García, prohibió terminantemente que el Boletin se imprimira allí dejando toda la iniciativa en precario.  La respuesta de Valiña, en el propio Boletín, fue escueta: “Es lamentable”.

Y frente esa postura oficial de pasotismo y desprecio, el heroísmo y el compromiso de algunos párrocos: el propio Valiña en O Cebreiro, José Ignacio Díaz primero en Viloria de Rioja y luego en Grañón, José María Alonso Marroquín en San Juan de Ortega…

II EL RENACIMIENTO DEL CAMINO Y LAS ADMINISTARCIONES PÚBLICAS

Además de la Iglesia, ya señalamos que otras fuentes apuntan a las Administraciones públicas como factor fundamental del renacimiento de las peregrinaciones jacobeas en los años ochenta. Sin entrar en más consideraciones, las propias estadísticas que hemos visto, lo desmienten categóricamente. Lo que si es cierto es que en las vísperas del Año Santo de 1993, un nuevo arzobispo Xelmírez, pero nacido en Vilalba, Manuel Fraga, secundado por su conselleiro Manuel Vázquez Portomeñe, oteó el Camino, se sacó un conejo de la chistera y resolvió, con todas sus consecuencias, incorporar el Camino de Santiago a la moderna cultura del ocio. Y hay que decir que fue todo un éxito.

A remedo de las Olimpiadas de Barcelona y de la Expo de Sevilla, la promoción del Camino fue imparable en todas las instancias , y contó hasta con mascota propia, aquel incomparable Pelegrin, que parecía un monaguillo preconciliar tirado en paracaídas  en un concierto de los Rolling Stones, añadiendo pronto al cotarro, y a fuer de ser políticamente correctos,  a una repintada Pelegrina que, ante la rechifla general, fue pronto retirada de los carteles publicitarios que inundaron Europa entera

El viejo Camino en Galicia se pobló de una red de albergues, hasta entonces prácticamente inexistentes, se echó zahorra por doquier, se levantó la ciudad-tanatorio del Monte del Gozo y el  modesto mundo del Camino asistió estupefacto a una campaña publicitaria  como no se viera en siglos. La Xunta era el moderno Cluny y el enorme complejo de Sahagún había sido sustituído por los barracones del Monte del Gozo. Si antes hablábamos de que las estadísticas de la Oficina del Peregrino señalaban 9.764 peregrinos en 1992, de repente, estalla todo en el año 1993 tras la desorbitada campaña institucional:  99.436 Compostelas. Y, desde entonces, como es público y sabido, la progresión ha sido constante hasta los 145.877 Compostelas entregadas el pasado año 2009 o las cerca de trescientas mil que se esperan este año.

Y, de inmediato, se pasó de un Camino protegido e impulsado por Elías y sus asociacones jacobeas a un Camino como asunto de estado, de la humilde palloza con paja en el suelo de O Cebreiro a los albergues de diseño de la Xunta de Galicia, del boca a boca y el intercambio de información en los anocheceres del Camino a la promoción indiscriminada, de los pequeños beneficios dejados por los peregrinos en los pueblos del Camino a los sesudos estudios sobre la influencia de la ríada de turistas del Xacobeo en el incremento del PIB gallego.

Y, en parelelo, asistimos al aterrizaje, en las venerables  trochas recuperadas por Valiña y su cuadrilla de locos, de todo tipo de intereses económicos, turísticos, de política local y regional, intereses que se incrementan hasta el paroxismo en los Años Santos, que la propia administración ha dado en llamar “Xacobeos”. La propia figura del peregrino jacobeo quedó transformada en una especie de “leiv motiv” surrealista para turistonas con pamela y cámara digital, como si fueran monos de feria. La Xunta de Galicia, pronto seguida por el resto de administraciones autonómicas, no tardó en aplicar al Camino las mismas claves de promoción que al resto de la cultura del ocio, tan en uso en nuestros días, muy  en consonancia con los llamados “parques y paquetes temáticos”.  Y, en consecuencia,  la peregrinación jacobea, y `por ende el Camino de Santiago, fue transformada, se vea como se vea, en un producto turístico puro y duro.

Y fue así, exactamente así, como toda la ilusión y el trabajo en años oscuros, dirigidos a rescatar de las profundidades abisales de la  historia una de las grandes aventuras del ser humano, rescate producido con un altruismo a prueba de balas, sudado flecha a flecha, metro a metro, reunión tras reunión, durante días y noches sin esperar nada más que el sonido del bordón de un peregrino,  se transformó en un producto más de consumo dirigido a un mercado netamente turístico.

III  ITER PEREGRINORUM: ¿TRAVESÍA DEL DESIERTO?

Bien, llegados aquí, y analizados los auténticos componentes, y personas que, realmente, propiciaron el renacimiento de la peregrinación en los albores de un milenio, y apuntando claramente quienes fueron los que  ni estuvieron ni se les esperaba,  pero que luego se aprovecharon clara y descaradamente del Camino y la peregrinación, repartiéndose además todo tipo de medallas,  es cuando podemos volver a la pregunta inicial:

¿Travesía del desierto para el Camino de Santiago después del 2010, teniendo en cuenta que el próximo Año Santo es el 2021? Eso es lo que proclaman los dueños de los intereses citados anteriormente, alarmados ante la lejanía del proximo “Xacobeo” y lo que, para ellos, es la pérdida de Disneylandia y el más que probable  harakiri del Pato Donald

La respuesta, queridos amigos, ya no está en el viento, la respuesta la tienen los auténticos protagonistas del Camino de Santiago, ellos tienen las claves y ellos nos van a dar también esas claves. Nos referimos, naturalmente, a los peregrinos.

 La primera aproximación a ellos, se hace evidente: ¿Los peregrinos del siglo XXI tienen o no mucho que ver con sus colegas del siglo XII, la época sin duda más gloriosa de la peregrinación? Y, en relación a ello:  ¿hay , acaso, puntos de contacto en su cosmogonía, su visión del mundo?, ¿es el peregrino actual un empedernido buscador y adorador de reliquias como sus antecesores?, ¿busca realmente el peregrino actual la redención de sus pecados, la  meta junto a la lejana tumba apostólica , o la meta se hace secundaria, algo muy aleatorio, agigantándose, en cambio, el propio Camino como protagonista casi absoluto de la peregrinación actual, independientemente de meta alguna?, ¿qué ideales, si es que los hay, llevan a millares de almas de nuestro actual mundo a inundar las sirgas como antaño?

Durante años eminentes especialistas se han arrimado al fenómeno jacobeo intentando desentrañar su alma y su enigma. De ahí nacieron distintas teorías: desde el Homo Viator de Röbert Plötz, el contenido penitencial que señala Mariño, la función simbólica del itinerario que indica Turner o incluso el famoso dios laico que apuntaba Ortega y Gasset precisamente en épocas en que “esa enorme montaña de dios parecía desvanecerse en el horizonte”

De lo que no cabe duda alguna, y es constatable para cualquiera que se acerque al Camino, es que el peregrino parece vivir en un periodo liminal, sumergido en una burbuja y ajeno a casi todo, durante un viaje donde ritos y símbolos cobran una importancia fundamental. Ritos, mitos y símbolos del pasado que han hecho suyos (como la bendición del peregrinos en Roncesvalles,  lo de poner sus manos en el árbol de Jesé antes de que secuestraran el Pórtico de la Gloria, o arrojar su piedra en la Cruz de Ferro) e incluso ritos del presente, nacidos con el propio renacimiento actual de las peregrinaciones, como la intensa línea de monjois creados en diversos puntos del Camino, las ceremonias de purificación de las ropas  por el fuego y los baños rituales  en el Finisterre, e incluso asistir a las queimadas evocadoras del bueno de Jesús Jato en Villafranca.

La propia obtención de la Compostela se ha convertido en otro rito más para muchos peregrinos, hagan el Camino o no por estrictos motivos religiosos. El carácter flexible del carácter ritual que preside el Camino  permite no sólo que viejos elementos sean completados con nuevos contenidos sino que otros elementos innovadores puedan ser incluidos sin ningún problema.

El peregrino viaja en una burbuja de difícil acceso, donde todo es posible, pero burbuja al fin y al cabo, sólo accesible para sus conmilitones, el peregrino jamás canta su canción salvo al que con él va, raramente se abre fuera del momento mágico que está viviendo, fuera de su Camino. Y esto es algo fácil de percibir para cualquiera que, desde fuera, se acerque a un peregrino en Camino. El rastro en los libros de peregrinos hace resaltar, poderosamente, la función simbólica del propio itinerario. El peregrino lo concibe como un espacio sagrado, legado por la historia. Un espacio importante en si mismo también como espacio ritual. Así, del libro de peregrinos de San Giraldo de Aurillac:

“ La esencia del Camino de Santiago es el propio Camino, no hay argumentos ni teorías, es sólo echarse a andar y sólo de esa manera puede saberse que significa, que aporta”

Otro peregrino, en  la misma fuente:

“No sé cuantos días llevo andando, he perdido la cuenta.  Todo esto es como un sueño, el Camino me ha permitido repasar mi vida, estoy ajustando mis propias cuentas y es por eso que estoy muy agradecido. Siento que para mi no es necesario llegar a Santiago, tal vez otra vez como turista, no lo sé, pero no quiero que se rompa todo lo que estoy viviendo que guardaré para siempre como un tesoro”

Es por todo ello que algunos antropólogos  han estudiado la peregrinación como un fenómeno sintomático de una sociedad que percibe su estado como crítico, en los albores de un milenio lleno de incertidumbres , apelando tal vez a recursos de un  pasado excesivamente mitificado para tapar las carencias de la época actual. Según la filósofa Eva Mouriño,  todo ello lleva a un presente como representación de un momento “negador” de importantísimos valores como la solidaridad, la espiritualidad, la naturaleza o la misma hospitalidad tan vivida en el Camino de Santiago.

Por eso la propia sociedad genera recursos instrumentales y simbólicos para compensar esa falta de valores en periodos de crisis.Y es  por eso también que el Camino supone un espacio ideal y un perfecto soporte material para una serie de ideas, valores y representaciones de la realidad que en la actualidad se perciben claramente en quiebra y de las que parece necesaria una reafirmación y revitalización. A su vez, el hombre del presente, agobiado y alienado por la época que le ha tocado vivir, se despoja de casi todo y se introduce ligero de equipaje en un espacio sagrado que iguala a todos bajos las mochilas. El paso desde una oficina o fábrica de cualquiera de nuestras ciudades a una naturaleza ante la que el individuo se vuelve a reconocer con asombro, deja huella en todos ellos. Tomamos de nuevo, el libro de peregrinos de San Giraldo:

“El peregrino acaba siendo naturaleza andante y eso le otorga una receptividad especial, una desnudez. La marcha a pie es un ritmo humano, es el ritmo del corazón, pum, pum, pum, siento que me estoy incorporando a algo que había dado por perdido. De vez en cuando me pongo a cantar y siento que la canción de mi corazón se mezcla con la de la naturaleza que me envuelve por todas partes. Y lo único que tengo es lo que llevo encima”

La peregrinación se va convirtiendo así en una vía de escape, un viaje a Ítaca pasando por Esparta,  donde cada persona puede poner entre interrogantes su propia vida confundido e igualado entre otros semejantes que viven parecidas preocupaciones acompañados de su propia sombra, a veces la única compañía de sol a sol. Todo invita a sumirse en un estado de reflexión imposible en las duras condiciones de vida y trabajo en las grandes ciudades, en un mundo dominado por las prisas y el estrés,  hasta el punto de que  para muchos la peregrinación supone una auténtica catarsis. El Camino proporciona algo muy difícil de conseguir en nuestros días, el distanciamiento, distanciamiento de la familia, de las propias responsabilidades, de la propia vida cotidiana y de la sociedad a la que se pertenece.

El ecumenismo del Camino, su multiculturalidad, la convivencia diaria y en condiciones extraordinarias con gentes de los más diversos países, razas, creencias e idiomas,  en unas condiciones de paz, serenidad y reflexión,  produce además un alimento cotidiano y un cúmulo de experiencias  imposible de conseguir ya en otros sitios. El individuo, catalogado, clasificado y alienado por la sociedad que le ha tocado vivir, vuelve a reconocerse como  persona, reconoce y tal vez se reconforta en una espiritualidad que sólo era ya una luz mortecina, recupera su albedrío, se reconcentra, piensa en ese viejo amigo que tal vez dejó en la infancia ya lejana, es decir, vuelve a reencontrarse consigo mismo tras una larga travesía. De ahí lo difícil que se le hace al peregrino salir de la burbuja una vez terminado el Camino, y de ahí el enorme predicamento del Camino en si como itinerario sagrado que defienden sus mejores valedores, es decir, los propios peregrinos. Los testimonios son continuos en ese sentido:

“… andando así, sola, por los montes, dejas atrás lo inútil, comprendes que en tu mochila y en tu alma debes dejar sitio para lo esencial…”

“… Siento que pertenezco a esto, siento que necesitaba esto, no es cualquier viaje, para mi es sobre todo un viaje interior que necesitaba, doy gracias por ello”

Y aquí están las claves, las que definen un viaje interior a través de un espacio sagrado cargado de símbolos de conocimiento y de reconocimiento.  Claves que no pueden dar unos canónigos amarrados al botafumeiro, ni institución alguna, ni Xacobeo alguno y claves que poco o nada tienen que ver con la parafernalia institucional, y sí, sin embargo,  con los valores más profundos del ser humano, a los que el Camino ha regalado ese espacio sagrado en un mundo difícil. Por eso sólo pueden hablar de travesía del desierto los que desconocen a los peregrinos, los que desconocen el Camino, los que lo quieren utilizar para fines espúreos y los que pretenden tergiversar la historia. Sus coordenadas ya no son, desde luego, las mismas de sus antecesores, su mundo tampoco y de ninguna manera persigue el peregrino actual reliquia alguna compulsivamente. Pero le unen a sus antecesores, la inquietud, la búsqueda y el espíritu de aventura.

Y ese peregrino es imparable, ni siquiera le pueden parar algunas “asociaciones” que los representan, domesticadas, amariconadas, faltas de alma y de coraje para pegarle una patada a la mesa cuando es menester. ¿O se está, acaso, para otra cosa?

Porque, como decía  Jean Noél Gurgand, “el Camino no morirá nunca mientras un solo peregrino, inmóvil en su cama y con los ojos bien abiertos en la noche, sienta que todavía anda, como esos perros dormidos ante el llar que persiguen en sueños cualquier simulacro de pieza mayor. Es en esos momentos cuando el Camino te vuelve a coger entre sus olas y parece que algo te aprieta el corazón, recordándote lo que puede haber de más humano en tu condición de hombre”

¿Ultreia? Claro que si: ULTREIA E SUS EIA

Desde Galicia, envuelta en brétemas infinitas, José A. de la Riera.

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