GUÍAS HISTÓRICAS DE PEREGRINOS

Fueron, en épocas pretéritas, el único asidero para miles de peregrinos. Todo eran acechanzas y miedos: portazgos, nobles atrabiliarios capaces de despojarles de todo, bandoleros al por mayor, suciedad, piojos y enfermedades sin cuento… siempre conjugando un verbo lacerante: llegar. Las guías que han llegado hasta nosotros respondían a la necesidad de una supervivencia elemental, la del alemán Hermann Künig recupera su actualidad ya que algunos se han empeñado en resucitar su deriva a la ciudad de Lugo. En su momento publiqué esta entrada en el estajanovista, y fundamental, Diccionario Enciclopédico del Camino, de mi amigo Manuel Rodríguez, absolutamente recomendable para el que quiera saber “todo” sobre la peregrinación jacobea. Ahí va un resumen:

……..

Künig von Vach , Hermann. Monje alemán, autor de una famosísima guía de peregrinación, escrita en el año 1495 en el monasterio de Vach, o Vacha, desconociéndose las fechas de su nacimiento y muerte. Destinada fundamentalmente a sus compatriotas, la guía de Künig alcanzó pronto gran éxito en sus numerosas reediciones, muchas de ellas de tirada muy limitada. Escrita en verso, tal vez para la mejor memorización de lugares y situaciones, la edición base –1495-, señala el final de su redacción en el día de Santa Ana (26 de julio de ese mismo año)

Presidida por la sencillez y la practicidad e incidiendo – a veces machaconamente- en toda la problemática que puede encontrarse un peregrino (portazgos, malos pasos, alojamientos, aprovisionamientos, moneda y su cambio, distancias, etc.), la obra de Künig es mucho más una guía práctica que un relato al uso, aunque de vez en cuando se incluyan notas claramente subjetivas. No extraña, dados los destinatarios del trabajo de Künig, las continuas advertencias e indicaciones en el sentido de que los peregrinos alemanes busquen el amparo de sus compatriotas allí donde se hallen. Künig, en esa cuestión, no ahorra todo tipo de detalles: “Te aconsejo ir donde el mesonero alemán (en Ginebra), vive en la primera casa antes de la ciudad, allí hallas bastante de comer y de beber por un precio moderado y te trata atentamente, el cuida de ti en todos los asuntos, se llama Pedro de Fiburgo” Era, no obstante, muy habitual que los peregrinos alemanes se dirigieran a sus compatriotas. Así el médico alemán Hyeronimus Münzer (curiosamente en el mismo año en que Künig termina su guía), debe apelar a un compatriota alemán en Redondela (Camino Portugués), para que le alojara ante la falta de acogida en la villa.

La guía de Hermann Künig permite, a través de los continuas observaciones de todo tipo que el autor reseña a golpe de verso, acercarse a lo que representaban la peregrinación y el viaje, a finales de la Edad Media, para la gente sencilla, que era a quienes iba a dirigida básicamente la guía. Y en ese sentido, los primeros versos de la obra son toda una declaración de intenciones, que el autor intenta cumplir obstinadamente: “Yo, Hemann Künig Von Vach, , quiero, con la ayuda de Dios, hacer un pequeño libro que ha de llamarse <Camino de Santiago>. En él quiero describir caminos y sendas y cómo ha de procurarse comida y bebida cada uno de los hermanos de Santiago y también quiero citar las felonías de los taberneros” Y comienza dirigiendo al peregrino, a través de Einsiendeln por lo que denomina “la vía alta”, que distingue claramente del camino de retorno por “la vía baja”, que hace culminar en Aquisgrán.  … La minuciosidad de Künig y los detalles prácticos (que sin duda debieron de agradecer centenares, cuando no miles, de peregrinos) son continuos: “…tras dos millas sigue una villa en la que se hacen clavos que los hermanos clavan en sus zapatos”.

El itinerario de Künig salva los Pirineos por Roncesvalles, alcanza Logroño y apenas da una leve indicación (saliéndose de sus continuas claves de practicidad) del milagro del gallo en Santo Domingo de la Calzada. Lo suyo es preocuparse de otras cuestiones, cómo señalar la ruindad de los hospitaleros de Nájera o los buenos treinta y dos hospitales de Burgos. Camino Francés adelante,  todo son avisos (en Rabanal) con algún que otro alivio ( de los pocos que se permite),  indicando que en Villafranca del Bierzo el vino se dejaba correr como un cirio. Siempre atento al trazado, indica cómo evitar los duros pasos invernales de Allefaber (La Faba), indicando con exactitud la desviación a Lugo. Rápidamente, despacha Santiago de Compostela con una oración y orienta  a los peregrinos al camino de vuelta por lo que denomina “vía baja”, desviándolos, desde Burgos, por el famoso túnel natural de San Adrián.  En Francia, el retorno se produce por Bayona y la temible región de Las Landas, para seguir por Burdeos, Tours, Orleáns, París, Valenciennes, Lovaina y, por fin, Aquisgrán, donde da por finalizado el itinerario de vuelta. Küning culmina su obra con una aseveración y con un ruego: “Yo, Hermann Kunig…he redactado este librito que lleva el nombre de <Camino de Santiago>. Que Dios permita que yo no muera nunca, si luego no puedo estar eternamente junto a él”.

FOTO: Manuel G.Vicente.

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